miércoles, 14 de abril de 2021

La competencia de las competencias: el sentido de la lectura. María Clemente Linuesa

 La competencia de las competencias: el sentido de la lectura

María Clemente Linuesa

Ilustración de Flor García

Cuadernos de Pedagogía, Nº 447, Sección Monográfico, Julio 2014, Wolters Kluwer, ISBN-ISSN: 0210-0630

La enseñanza de la lengua escrita constituye uno de los contenidos esenciales para la escuela. Su carácter instrumental y transversal, para adquirir y construir conocimientos en la propia institución y fuera de ella, depara retos singulares al profesorado puesto que a las necesidades tradicionales del proceso de alfabetización se suman otras surgidas de los nuevos soportes digitales.

María Clemente Linuesa. Universidad de Salamanca. Correo-e: mcl@usal.es

La enseñanza de la lengua escrita ha sido una de las metas, si no la fundamental, de la institución escolar desde su nacimiento. De hecho, durante mucho tiempo se asistía a esta institución con el objetivo casi único de alfabetizarse y, aunque la escuela ha ido incrementando sus funciones constituyéndose en la gran administradora de la transmisión cultural, enseñar a leer y escribir es uno de los contenidos básicos en el proceso de escolarización. Estar alfabetizado sigue siendo una competencia tan elemental como fundamental, tanto para transitar por la propia institución como para moverse en la sociedad actual. No sería exagerado declarar que la enseñanza de la lengua escrita constituye el contenido por antonomasia de la escuela, un contenido transversal, que, como veremos, aunque no tiene un final determinado en la propia escuela, sí tiene, en gran medida, su comienzo en ella.

El valor de la alfabetización es un asunto que pocos cuestionan, lo ha tenido siempre, desde el nacimiento de la escritura. Aunque en décadas pasadas se extendió en ciertos círculos la ilusión de que la escritura podía ser sustituida por otros códigos, la realidad actual nos ha vuelto a mostrar que el dominio de la lengua escrita constituye la piedra de toque esencial para moverse en el mundo de la información y la comunicación, porque las nuevas tecnologías (TIC) no han hecho sino incrementar el valor de la cultura escrita, con nuevas necesidades y, por ello, con nuevos retos para la escuela.

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¿Qué significa alfabetizar hoy?

Los conceptos de analfabetismo o iletrismo han variado a lo largo de la historia; tanto la extensión de la llamada alfabetización (quienes acceden a la lengua escrita) como el concepto mismo (tipo de prácticas de cada momento) han sufrido constantemente cambios por distintas causas.

En los orígenes de la cultura escrita, saber leer y escribir era un fenómeno tan minoritario como valorado; los que conocían la escritura, muy pocos, se consideraban privilegiados y normalmente estaban cerca del poder civil o religioso. Hoy, sin embargo, pretendemos que toda la población posea esta capacidad y con altos niveles de competencia. Ese objetivo, que podría parecer superado en muchos países, es aún un reto incluso a nivel europeo; de hecho, la adquisición de esta competencia básica al finalizar la educación obligatoria constituye todavía uno de los objetivos para mejorar la calidad y la eficacia de la educación y la formación en la UE. En el Boletín de Educación del Ministerio de Educación del pasado febrero, donde se publicó la Estrategia Europea de Educación y Formación 2020 para la cooperación de los países miembros, se establecen cuatro grandes objetivos, el cuarto de los cuales es lograr que el porcentaje de alumnos de bajo rendimiento en competencias básicas en lectura, matemáticas y ciencias sea inferior al 15% al finalizar la Educación Secundaria. En España, según el Informe PISA de 2012, este porcentaje se sitúa en un 18,3% en lectura, por debajo de la media de la UE.

Las funciones primigenias de la escritura se restringían a transacciones comerciales o actividades sagradas. Hoy la escritura está presente en tantas facetas de nuestra cultura que podríamos decir que media en buena parte de nuestras relaciones con el mundo. El lector actual puede tener la necesidad de realizar prácticas diferentes: leer un anuncio, un periódico, un prospecto, un artículo profesional, una novela; incluso leer en formatos mixtos como un cómic o un libro ilustrado, y leer en la red, leer en las tecnologías digitales (teléfonos, ordenadores, etc.). Pero no todos necesitan tales prácticas en la misma medida. De hecho, cada lector pertenece o se identifica con una comunidad con la que comparte prácticas y textos.

Las características de los soportes, su escasez y accesibilidad han sido determinantes en el acceso a la escritura. Antes de la invención de la imprenta, la falta de textos exigía realizar prácticas lectoras colectivas; la imprenta permitió el acceso cada vez más personalizado a los textos y, por ello, a la práctica de la lectura privada, algo considerado hoy normal. Por otro lado, la aparición de los nuevos soportes, que llamamos TIC, y que parecen estar al alcance de todos, añade nuevas prácticas en la comunicación. Sin embargo, como han señalado muchos expertos, entre ellos Roger Chartier (2000), la revolución digital, que aparentemente parece universal, puede también profundizar, y no reducir, las desigualdades, propiciando el riesgo de un nuevo analfabetismo, no por la incapacidad de leer y escribir, sino por la imposibilidad de acceder a esas tecnologías. Además, como añade el autor, la presencia de Internet en la escuela no elimina las dificultades de aprender la lengua escrita para muchos sujetos.

Todos los cambios han condicionado de manera sustancial el modo en que se ha enseñado a leer en distintas épocas; además, cuando ser lector constituía un fenómeno minoritario probablemente no se evidenciaban los problemas de aprendizaje, que a pesar de que existieran se silenciaban en el ámbito privado, algo que hoy es impensable.

Lo que se hace evidente es que para la escuela actual enseñar a leer y escribir constituye un reto de enorme importancia, pero también de gran complejidad. Por ello, es necesario preguntarse: ¿Qué puede y debe hacer la escuela en relación con la lengua escrita? Abordaré este asunto basándome en dos principios, que aunque son de distinto calado concitan bastante consenso. El primero es admitir que el dominio y la competencia total de la lengua escrita no terminan nunca. El segundo es que la comprensión textual, y no el desciframiento, es la meta clara de la enseñanza de la lengua escrita.

Un proceso sin fin

Declarar que el dominio de la lengua escrita no termina nunca supone asumir que es un proceso más que un fin, puesto que, si cada lector se enfrenta a lo largo de su vida a nuevas funciones, a nuevos textos y a nuevos formatos, tendrá la necesidad de aprender constantemente. Hay lectores a los que les basta con una elemental competencia de la lengua escrita, son aquellos que utilizan los textos para su vida cotidiana (anuncios, carteles, etiquetas, etc.). Hay lectores que necesitan este instrumento para su profesión, y en este grupo existen muchos grados, ligados a la complejidad de tales profesiones. Hay lectores de literatura, de periódicos o de revistas que leen para estar informados, por placer, por diversión. Y hay lectores cuyas prácticas lectoras se realizan sobre todo con TIC, que pueden desarrollar funciones nuevas, abordar espacios diferentes y establecer relaciones más interactivas entre lector y texto. Los lectores de nuestra época deberán ir construyendo desde ciertas bases comunes sus competencias, más o menos complejas a lo largo de su vida, en función de sus necesidades y opciones lectoras.

Tan diferentes prácticas están plenamente relacionadas con la necesidad de dominar distintos tipos de textos de características muy variadas. La lectura de un texto narrativo no es la misma que la de un texto argumentativo o un texto científico, por poner ejemplos concretos, de manera que, cuando decimos que alguien es un buen lector debemos preguntarnos para qué y de qué. Tampoco es insignificante la propia preparación, los conocimientos previos del lector sobre un asunto, para poder comprenderlo mejor. Por tanto, la diversidad de competencias está ligada a la singularidad de los tipos de textos y a nuestra relación con los contenidos de esos textos.

La evolución y los cambios de formatos y soportes de la escritura han sido, como hemos señalado, constantes a lo largo de la historia y ello ha generado nuevas formas de leer, pero lo cierto es que casi siempre han ido en la dirección de la lectura como práctica privada; y no solo eso, también los nuevos formatos han ido permitiendo que el lector pudiera participar en la construcción de los textos de distintas maneras (anteriormente, con el rollo era casi imposible, en el manuscrito se podía participar básicamente adornando o coloreando el libro, y desde la imprenta eran anotaciones concretas en los bordes; sin embargo, en los soportes tecnológicos actuales se puede participar activamente de la autoría).

Los soportes también han condicionado otros aspectos. Así, cuando los libros son escasos, su posesión está enormemente restringida; cuando empiezan a abundar, podemos elegir mediatizados por la oferta y la capacidad adquisitiva y basamos nuestra elección en la seguridad de la autoría y la edición. Con las TIC, la elección implica un cambio sin precedentes, la oferta de textos es impresionante, pero las garantías para elegir no están tan nítidamente marcadas y es el lector quien debe poseer las habilidades necesarias para esa elección. Por otro lado, los soportes actuales son híbridos, y frecuentemente simultaneamos códigos distintos, mensajes escritos, imágenes y hasta música en el mismo episodio lector (Lankshear y Knobel, 2008).

No es fácil, pues, decir que hay una edad en la que uno es un lector perfecto y que ya posee todas las habilidades necesarias. Por ello, la misión de la escuela será sentar sólidas bases para que cada lector pueda ser competente para ejercitarse como un lector de su tiempo. Esta idea enlaza con el segundo principio: la comprensión textual y no el desciframiento es la meta clara de la enseñanza de la lengua escrita.

La comprensión textual

"Leer es comprender" es una frase que suscita un gran acuerdo, si bien, como señalan Chartier y Hébrard (2002, p. 64), "la simplicidad de la fórmula la convierte en consigna, pero esa brevedad encubre los problemas, y no los resuelve". Algunos de estos problemas, que son de naturaleza diversa (individuales, sociales, culturales), van siendo abordados, estudiados y comprendidos, gracias a una fecunda investigación al respecto que nos aporta conocimientos sobre tales procesos y sobre la manera de abordarlos en la enseñanza (Sánchez, 2012).

Hoy muchos especialistas consideran que llegar a un buen nivel de comprensión y expresión en distintos tipos de textos requiere que la escuela adopte una perspectiva integral en la enseñanza de la lengua escrita, sobre todo en la etapa inicial (Snow y Juel, 2005; Clemente, 2008). Tal visión se podría resumir en tres grandes líneas: trabajar los aspectos funcionales, aprender y automatizar el código y abordar el proceso de comprensión textual desde el inicio de la alfabetización.

Lo primero requiere que quien aprende a leer pueda captar las funciones que tiene la lengua escrita o, lo que es lo mismo, qué beneficios obtendrá si aprende esa tecnología. En este asunto, la respuesta la tenemos en cada sociedad y consistirá básicamente en propiciar al sujeto experiencias apropiadas para su edad y basadas en la cultura que lo rodea. La llamada "lectura emergente", cuyo significado podemos entender como el bagaje que sobre la cultura escrita va adquiriendo el niño antes del proceso formal de la alfabetización, es un asunto de gran relevancia. De hecho, las experiencias lectoras anteriores a la escuela, sobre todo en el contexto familiar, tienen un gran valor, por lo que, si las circunstancias familiares y culturales son desiguales, la escuela podría desarrollar acciones para paliarlas como parte del proceso de alfabetización.

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Una larga lista de trabajos ha puesto de manifiesto el valor de la narración oral y escrita en el proceso de acercamiento de la cultura escrita (Bruner, 2004). La narración de cuentos, la lectura oralizada por el maestro, la simulación de tareas que se hacen con la escritura en la vida cotidiana serán valiosísimas en la escuela y deben formar parte del proceso alfabetizador y no concebirlas como un simple premio o diversión. Que un niño sea capaz de entender que si aprende a escribir podrá representar la realidad, como por ejemplo cuando hace un dibujo o expresa algo de forma oral, lo llevará a captar el valor primigenio de ese instrumento. En este proceso de comprensión de la cultura escrita actual no podemos ignorar las nuevas tecnologías como un nuevo soporte junto a los libros tradicionales.

Si la lengua escrita es básicamente una representación de la lengua oral (aunque incompleta e irregular), es evidente que debemos aprender el código de esa representación. Algunos movimientos pedagógicos, básicamente naturalistas, se oponen a enseñar explícitamente el sistema alfabético, argumentando que el aprendiz lo asimilará espontáneamente del mismo modo que desarrolla el lenguaje oral. Este supuesto es difícil de sostener porque un gran número de investigaciones en muy diferentes lenguas, cuyo sistema de escritura es alfabético, evidencian que muchos sujetos tienen serios problemas para aprender ese código, al tiempo que constatan que automatizarlo es completamente necesario para que el proceso de comprensión sea plenamente productivo.

Finalmente, ¿cómo lograr la meta deseada: la comprensión? ¿Debemos esperar a dominar el código para empezar a afrontar los procesos de comprensión? La idea que propongo es hablar no tanto de comprensión lectora como de comprensión textual. Los mecanismos básicos de la comprensión pueden ser los mismos para un texto oral o escrito y suponen considerar al menos cuatro aspectos: poner en juego los conocimientos previos sobre el tema contado o leído; contextualizar el contenido del texto oral o escrito; valorar y evaluar constantemente si se conoce el significado de las palabras que componen el texto, y, considerando que no todos los tipos de textos tienen la misma estructura y complejidad, elegir los adecuados. Este proceso se puede ejercer desde el momento en que enfrentamos a los niños a textos, sean narrados, oralizados por el adulto o leídos por los propios aprendices.

La construcción de la lectura comprensiva, que, como hemos señalado, es un largo proceso, nos lleva a resaltar una idea formulada al comienzo de este artículo: la de transversalidad de este contenido escolar. Porque si cada tipo de texto tiene una complejidad, cada materia también la tiene y requiere una comprensión particular. Cada asignatura se expresa en tipos de textos diferentes, con léxicos singulares y complejidades conceptuales distintas, por lo que los profesores no pueden abandonar a su suerte a quienes consideran expertos lectores, solo porque sean buenos descifradores.

La lectura es una práctica que solo se hace potente y segura con su ejercicio. Por ello, el fomento de tal práctica debe ser un reto para la escuela en todos los cursos y niveles. Crear hábitos lectores está por encima de la alfabetización inicial, es propio de cualquier curso y etapa educativa.

Para saber más

Bruner, Jerome (2006). Actos de significado. Más allá de la revolución cognitiva. Madrid: Alianza.

Chartier, Roger (2000). Las revoluciones de la cultura escrita. Barcelona: Gedisa.

Chartier, Anne-Marie y Hébrard, Jean (2002). La lectura de un siglo a otro. Barcelona: Gedisa.

Clemente, María (2008). Enseñar a leer. Bases teóricas y propuestas prácticas. Madrid: Pirámide.

Instituto Nacional de Evaluación Educativa (2014). "Estrategia Educación y Formación 2020: seguimiento y monitorización 2013", en Boletín de Educación, n.º 28 (febrero).

Lankshear, Colin y Knobel, Michele (2008). Nuevos alfabetismos. Su práctica cotidiana y el aprendizaje en el aula. Madrid: Morata.

Sánchez, Emilio (coord.) (2012). La lectura en el aula. Qué se hace, qué se debe hacer y qué se puede hacer. Barcelona: Graó.

Snow, Catherine E. y Juel, Connie (2005). "Teaching children to read: what do we know about how to do it?", en Snowling, Margaret J. y Hulme, Charles.The science of reading: a handbook. Oxford: Blackwell Publishing, pp. 501-520.

 

martes, 7 de abril de 2020

Enseñar a leer y escribir

Enseñar a leer y escribir: una aproximacion historica Literatura ...
"Crisis de la escuela. A partir de la década de 1960, la escuela involucra a toda la juventud cada vez más tiempo, sin embargo ya no dicta las normas en materia de cultura y práctica social. Los medios de comunicación se han vuelto múltiples" escuelas paralelas" que imponen sus normas o sus modas mucho mejor que los maestros. El cine la TV, la prensa destinada a los jóvenes les enseñan cómo se, deben comportar y vestir,...., la escuela se ve en cierta forma marginada... La crisis de la escuela está ligada a una crisis de la cultura. "64

Anne-Marie Chartier 

"En efecto, los que fracasan en la secundaria son en primer término los niños de medios populares... no es por falta de inteligencia, sino simplemente no tienen ninguna afinidad cultural con la cultura letrada." 67

ANNE-MARIE CHARTIER 



En primer lugar se deben abordar las consecuencias de la nueva relación con los saberes que se instaura explícitamente con la escolarización masiva. Adquirir un saber ya no significa necesariamente ingresar a una cultura. Al convertirse en el vehículo casi obligado de todas las inserciones sociales, sobre todo las inserciones exitosas, la escuela se ha vuelto un instrumento últil, demasiado útil. Todos aprenden para aprobar los exámenes, pasan los exámenes para venderse como un producto eficiente en el mercado laboral. Para la sociedad de mercado, los saberes valen según la posición social a la que den acceso. El valor de cambio ha rebasado al valor de uso. Poco importa entonces que los saberes sean en sí mismos interesantes o insignificates, importantes o fútiles. Únicamente son “lo que hay que saber”. Pág.76  ANNE-MARIE CHARTIER


sólo hay cultura si una práctica social tienen sentido para la propia personal que la realiza, si su acción, su gesto o su conducta son portadores de sentido en sí mismos (y no en cuanto medio útil para obtener otra cosa). Que una conducta sea rentable no basta para hacerla sensata. Al volverse utilitaria, la escuela invita a los alumnos a ser únicamente realistas o incluso cínicos; por ejemplo, a calcular su esfuerzo escolar en función de lo que puede “proporcionarles” cierta disciplina en los exámenes. La realidad social se convierte en ley pero ya no en virtud. Por ello en todas las enseñanzas escolares podemos descubrir la línea de fractura que separa las disciplinas gratuitas de las disciplinas rentables, aquellas que no plantean la cuestión del sentido. Pág. 77 ANNE-MARIE CHARTIER

p104:
Todas estas innovaciones introdujeron una separación insidiosa entre aprendizaje de la lectura y educación a través de la lectura misma, que Rosseau y Pestalozzi consideraban nefasta: el medio se volvió el fin. En la educación antigua, al leer/recitar el Pater Noster o el De Viris Illustribus o los primeros versos de las Geórgicas, los niños se introducían a la vez en la lectura y en los contenidos constitutivos de la cultura escrita deseada. Al jugar a los dados silábicos (Locke), aprendían que leer es una combinatoria sin contenido. A los abecedarios de esta nueva pedagogía les gustaban las listas: listas de sílabase sin significado, listas de palabras a , menudo clasificadas por su longitud (una sílaba, dos sílabas, tres sílabas,...) listas de frases que no formaban ningún texto....Sin embargo, para Rosseau lo prioritario eran los contenidos de los textos, es decir, los valores y los saberes a los que da acceso la lectura. “¿De qué le servirá la lectura cuando se harte de ella para siempre?”
Anne-Marie Chartier.

Todas las dificultades detectadas (en el periodo entre guerras)a gran escala cuestionaban los métodos de aprendizaje dominantes (los sintéticos), pese a que ningún dato permitía establecer rigurosamente relaciones de causa-efecto. En los años sesenta, en EE.UU e Inglaterra, se puso en tela de juicio el método whole-words (look and say)y, tras una serie de violentas polémicas, se rehabilitó el trabajo fonético. En Francia, las cosas sucedieron en dos tiempos: en los años sesenta, mientras los fracasos en la lectura fueron imputados a la dislexia, “la enfermedad del siglo”, el método global jugó el papel de chivo expiatorio (fue violentamente condenado por el Padre Debray-Ritzen, neurólogo especialista en dislexia). No obstante, las investigaciones mostraron que dicho método estaba débilmente implantado en las escuelas y que nadie podía creer realmente que la pedagogía Freinet y el método natural eran la causa de los fracasos masivos al final del curso preparatorio. Esto no impidió que tanto en Francia como en Inglaterra y en los EE.UU la prensa empezara a difundir la idea de que las innovaciones pedagógicas prodrían ser nefastas para los niños y que sus fundamentos eran más políticos que científicos. Diez años más tarde, una vez qeu se conocieron mejor las correlaciones entre los fallos escolares en el curso preparatorio y los origenes sociales, los métodos silábicos o mixtos, centrados en el código, fueron responsabilizados del fracaso en la lectura. ¿Por qué?


Pag 117
La escuela debía iniciar a los niños en todos los usos de la lectura, sociales y escolares, utilitarios y cultivados, lúdicos e instructivos. Tarea ambiciosa e infinita que aumentaba forzosamente los fracasos. Se descubrió así qeu el “saber leer” no era esa herramienta neutral y universal que imaginaban los preceptores del siglo XVIII o los pedagogos del XIX, quienes estaban convencidos de que, una vez alfabetizado, un individuo podría leerlo “todo”. Anne-Marie Chartier
                                                                                

Con la lectura expresiva, la escuela encontró una pedagogía que permitía recitar y comprender textos literarios a los niños de familias que no leían. Se trataba de una pedagogía colectiva, apoyada en la lectura oral, de manera que incluso los malos lectores (o los niños no lectores) podían comprender y disfrutar al escuchar el texto. Y además, todos se acostumbraron a oír el lenguaje de los libros, a descubrir la sintaxis, el léxico y las formas del idioma escrito, así como a articular claramente el francés escolar. De este modo, se estaría mejor preparado cuando se leyera otra historia y mejor armado cuando se tratara de redactar.       Anne-Marie Chartier  142

Jean Baucomont en 1931 en el congreso de Argel nos dice: Los libros de texto y los métodos de lectura actualmente en uso no siempre atractivos. A veces el hastío que provocaron, agravado por las reprimendas a las que pudieron dar lugar los ejercicios de lectura, han puesto a sus víctimas a la defensiva contra los demás libros... Citado por Anne-Marie Chartier  146

A medida que avanzaba la década de 1960, los que pasaban a la secundaria ya no eran alumnos de excelencia sino rebaños y cada vez más numerosos y cada vez menos parecidos al lector modelo que describían las revistas. Por todas partes se oían rumores inquietantes: los alumnos que llegaban a la secundaria “al parecer no sabían leer”. 160  Anne-Marie Chartier

La fuerza de la literatura juvenil no reside únicamente en alimentar la imaginación por medio de relatos (pues también las películas lo hacen), sino en representar y cuestionar el mundo mediante el poder de la lengua.

¿Dónde encontrar un repertorio de situaciones que los ayude a poner en palabras sus inquietudes y sus preguntas punzantes? ¿Cómo formular experiencias a veces inexpresables, pensar y expresar las reparticiones pacíficas y las distancias violentas que caracterizan el mundo en el que viven los niños si no en la liteatura?

Los pedagogos conocen, al igual que los padres, el placer casi infinito de las relecturas que reclaman los pequeños. La idea de que a los niños “les gusta cambiar” podría no ser más que uan fantasía de los adultos. 
Aun cuando la dicha de leer parecía en el pasado una experiencia solitaria -la experiencia singular sólo adquiere sentido a partir de intercambios que permite. La lectura es para compartirse con los demás.

Anne-Marie Chartier 168-169

miércoles, 17 de julio de 2019

enseñanza de la lectura

SENTIDO, PARA SENTIR LA LECTURA

Introducción.

“¿Cómo puede ser que niños inteligentes, que poseen además evidentes facultades de adaptación y de comprensión hacia el mundo que los rodea no logren transferir esas capacidades hacia el marco de la clase?” se pregunta Serge Boimare maesto de niños y niñas con miedo a aprender, a los que había sido incapaz de explicar la técnica de la multiplicación y los veía intercambiar canicas de distintos valores sin equivocarse.

La pregunta de Boimare se puede transferir al terreno de la lectura. Observando al alumnado de Nivel Socio Económico (NSE) bajo, que no presentando alteraciones en su desarrollo cognitivo y que habiendo adquirido la mecánica de la descodificación lectora de una manera aceptable, se puede comprobar en un gran número de casos, una gran dificultad a la hora de comprender los textos que leen. Teniendo presente que la definición de lectura va más allá que la mera descodificación, podemos hablar de grandes dificultades lectoras. Así pues nos preguntamos; ¿por qué estos alumnos/as no aprenden a leer tan bien como podrían?

Módelo bio-médico.

La respuesta a esta pregunta no es fácil de contestar, y hay mucha literatura, investigación y reflexión ante la misma. El problema es complejo y las respuestas diversas, provenientes  de distintos campos de investigación. Sin embargo últimamente parece que sólo nos atenemos a las respuestas que vienen de la investigación del cerebro.

El gran desarrollo que ha tenido la neurología los últimos años ha hecho que haya sido considerada como una de las ciencias que más puede aportar al conocimiento del ser humano, tanto es así que en educación llevamos un tiempo hablando de Neuroeducación.  Esta irrupción de lo neurológico no es exclusiva de la educación, otras ciencias humanas han optado por explicar la conducta humana a través de la observación del cerebro. Así en educación entramos en el modelo biomédico que impera en otras ciencias humanas.

No es casualidad que el profesor Ignacio Calderón Almendros en su conferencia incluida en el programa del evento “Leave no one behind in education” en la sede las Naciones Unidas en New York, inicie diciendo: “Persiste en la sociedad en general y en las escuelas en particular una tendencia a pensar las cuestiones sociales y culturales en términos personales y biológicos.” Y continúa “Necesitamos devolver los problemas que la escuela ha convertido en individuales a la arena social”.
De esta manera cuando tratamos de comprender las dificultades de lectura, como también otras dificultades de aprendizaje, se suele apostar por una explicación desde el individuo, desde sus deficiencias, su cerebro, no teniendo en cuenta las circunstancias sociales que nos han llevado hasta esta situación.  Parece que nos cuesta comprender cómo el alumnado puede negarse a aprender, cuando las ventajas del aprendizaje (de la lectura) son tantas y tan beneficiosas.

Este modelo biomédico es un modelo que  encaja con el paradigma individualista imperante en nuestra sociedad neoliberal. Sin embargo es un modelo que se queda escaso para explicar las situaciones humanas en su globalidad y parece olvidar el componente social de las funciones humanas. Hay muchos autores que apuestan por otra forma de pensar; “de acuerdo con nuestro nuevo y extendido conocimiento, la mente existe igualmente dentro del cráneo, en los objetos desparramados en la cultura y en los comportamientos de otros individuos con quienes se interactúa y de los que se aprende” nos dice el psicólogo de la universidad de Harvard, Howard Gardner[1].

En el caso del aprendizaje de capacidades humanas básicas, como la lecto-escritura, los psicólogos culturales han demostrado la necesidad de la inculturación para adquirirlas y no sólo de la dependencia de la capacidad intelectual individual contenida en el cerebro de cada cual. Me parece importante reivindicar lo Socio-educativo frente a lo Neuro-educativo.

Métodos de enseñanza de la lectura.

Para dar respuesta a la pregunta planteada al principio, me parece necesario repasar los métodos de enseñanza de la lectoescritura.

Históricamente ha habido una gran competencia entre diversos métodos de enseñanza aprendizaje de la lectura, tanto es así, que en algún momento llegó a denominarse las “guerras de la lectura”. Este conflicto se puede resumir en la competencia entre el método global y el método sintético.
Los métodos sintéticos, también llamados ascendentes (de abajo a arriba; primero letras, luego sílabas, palabras, frases), con el tiempo y también se les ha llamado métodos fonéticos, pues se enseña el sonido de las letras, sílabas, etc,…

Por el otro lado, los métodos globales también conocidos como métodos naturales, ya que han tratado de basarse en la manera de como los niños aprenden el lenguaje oral, han trabajado con el significado de las palabras, frases y con el sentido comunicativo del lenguaje escrito.

Sin embargo  en el momento actual, este histórico debate está dándose por dilucidado y parece que el vencedor  absoluto es el método fonético, ya que es el más respaldado por la evidencia científica, sobre todo aquella que proviene de la neurociencia.

Así en unas  recientes jornadas, precisamente tituladas “las pruebas de la educación”, se habló de la lectura desde la evidencia científica, haciendo referencia a que uno de los grades problemas de la lectura en la actualidad es precisamente el debate histórico entre los métodos de lectura y se presentaron estudios que desde la perspectiva neurológica reforzaban el método fonético frente al global.

En esta misma línea Stanislas Dehaene reconocido experto en el estudio de las bases cerebrales de las principales operaciones intelectuales humanas, nos describe en su libro el cerebro lector, cómo “nuestro cerebro de primates logra traducir esos signos llamados letras en lenguaje” y solventa “las guerras de la lectura”, exponiendo una serie de estudios que le permiten afirmar la gran importancia que tiene la conversión de letras en sonidos, en la adquisición de la lectura, así que “todos los esfuerzos de enseñanza deberían enfocarse inicialmente en uno y sólo un objetivo, el dominio del principio alfabético de acuerdo con el cual cada letra o grafema representa un fonema”.

Juan C. Ripoll y Gerardo Aguado en “Enseñar a leer. Cómo hacer lectores competentes” nos dicen que ni la organización neurológica, ni la investigación, ni la propia fuerza de los hechos parece avalar la adopción de éstos métodos globales. Sin embargo nos expone que los métodos sintéticos para enseñar a leer tiene un extenso respaldo científico, que proviene, tanto de los conocimientos del funcionamiento de la mente y de la intervención para ayudar a niños con dificultades para aprender la lectura.

Así parece que el debate de los métodos de lectura ha finalizado y tenemos como único vencedor a los métodos fonéticos. Dejando de lado experiencias como la de Ovidio Delacroy, Freinet, Montesori,… y todo esto a pesar que las características diferenciales de ambos métodos nos podría hacer pensar otra cosa.
Los métodos fonéticos presentan;
·         una gran preocupación por la descodificación, dejando el significado para más a delante,
·         una gran atención al proceso de descodificación y no por el fin del aprendizaje, la propia lectura, 
·         que  exigen una enseñanza tradicional (un experto que sabe a analfabetos que no saben), 
·         y que son de una tradición más conductista y mecanicista.

Mientras que los métodos globales;
·         se preocupan desde el principio por el significado,
·         motivan a través del objetivo del aprendizaje, la lectura y no tanto por el proceso,
·         parten de la necesidad de transmitir del niño, por tanto es un aprendizaje más significativo, más activo en cuanto a que el experto es una fuente de estímulo,
·          y son de naturaleza más constructivista, del aprendizaje por descubrimiento.

Es el propio Ripoll quien reconoce que “en realidad estos métodos (globales) constituyen una faceta más de toda una forma de entender la educación, cuyo inicio se reconoce a principios del siglo XX de la mano del psiquiatra y pedagogo Ovide Delacroy”. De la misma manera Felix Villalba y Maite Hernández, expertos en la enseñanza de español como segunda lengua, afirman que  “defensores y detractores de cada uno de ellos se han enzarzado en un enfrentamiento en el que la lectoescritura ha sido una excusa para discutir sobre educación”[2].

Más adelante,  estos mismos autores, hacen una apuesta por los métodos globales por una serie de razones que me parecen muy interesantes y también extrapolables al colectivo de alumnado con un bajo NSE; ya que los métodos globales “facilitan que el aprendizaje de la lectura no recaiga exclusivamente en la capacidad de retención memorística de los distintos elementos del código escrito” y añaden “conviene tener presente que, aunque el estudiante se encuentre muy motivado para aprender a leer, sus problemas no acaban en la clase y su atención, por tanto, se tiene que dirigir a solucionar aspectos materiales de la vida cotidiana, que la lectura no acaba de solucionar”. También nos resaltan la importancia del léxico para el aprendizaje de la lectura, ya que “independientemente de la ruta que se utilice (fonológica o visual) para leer hay que acceder al léxico (auditivo o visual) previamente existente”, de esta manera si el aprendiz posee un léxico reducido, encontrará muchas dificultades para establecer relaciones entre palabras y significados. Lo que puede hacer pensar que esta puede ser una de las dificultades del alumnado de NSE bajo que se acerca a la escuela con un lenguaje oral cercano a lo que Basil Berstein califico de código restringido y muy alejado del lenguaje escrito.

A diferencia del lenguaje oral, que es algo natural, necesario para la supervivencia, para lo que el ser humano está predispuesto genéticamente y en el que la mayoría de los bebés están inmerso incluso antes de nacer, el lenguaje escrito es artificial. La diferencia entre lo natural y artificial del lenguaje oral y escrito, supone que en las bases para la implantación del lenguaje oral no existen diferencias individuales más allá de las que tienen su base en la genética. Por lo menos en lo que se refiere a un nivel básico de adquisición, ya que sí pueden existir diferencias en el grado de adquisición del lenguaje oral entre niveles de NSE, en riqueza léxica, estructuras gramaticales, etc,...

Así que aquellos métodos de enseñanza aprendizaje que traten de hacer que la lengua escrita sea algo natural, serán los que mejores efectos consigan. De alguna forma estos métodos harán gran hincapié en hacer necesario el aprendizaje del lenguaje escrito, tener una inmersión en esta lengua, creo que a esto se refería Vigotsky cuando afirmó; “la enseñanza de la lectura se ha concebido en términos poco prácticos. Se ha enseñado a los pequeños a trazar  letras y formar palabras a partir de las mismas, pero no se les ha enseñado el lenguaje escrito. Se ha hecho tanto hincapié en la mecánica de la lectura que se ha olvidado del lenguaje escrito como tal”.

Es por lo que creo importante que no dejemos de lado las aportaciones que los métodos globales han hecho al proceso de aprendizaje de la lectoescritura, ya que la mayoría de los niños y niñas suelen aprender a leer  casi de cualquier manera, con cualquier método y lo diferencial del método elegido se encuentra en lo que aportan para superar las  complicaciones que tienen determinados alumnos y alumnas. De esta manera si pensamos que las dificultades en torno a la lectura se encuentran en un terreno más individual, situado en el cerebro podremos apostar por unos métodos, mientras que si pensamos que las dificultades están más en el entorno socio cultural del alumnado, su visión del lenguaje escrito y su inmersión en él, podremos optar por otros métodos que trabajen más estas necesidades.

No podemos olvidar que “la iniciación de un niño a la lectura y escritura nuca es exclusivamente una cuestión de la educación formal”[3], por tanto se puede deducir que podrían darse diferencias importantes entre niños y niñas a la hora de llegar a las escuela, según la influencia que traigan de sus entornos sociales. Habrá entornos sociales en los que el lenguaje escrito está presente, presencia de libros, utilización de la escritura, carteles, se lee a los niños y niñas, puede que el lenguaje oral adquirido por el niño este más cercano al lenguaje escrito en cuanto a cantidad de palabras, léxico, expresiones,…, Frank Smith nos recuerda que “los niños saben mucho más acerca de lo que es leer y escribir  antes de ingresar a la escuela e independientemente de lo que se les enseñe en ella. Conocen muchos de los usos de la lengua escrita, saben que ésta interviene en carteles, rótulos, etiquetas, listas, cartas, revistas, guías de programas televisivos. Saben lo que las personas hacen con la lengua escrita, aun cuando ellos mismos no lo practiquen. También tienen alguna idea de cómo funciona la lengua escrita, de que está formada por letras puestas en líneas, que hay diversos tipos de caracteres y que hay regularidades ortográficas. También tienen ideas acerca de por qué se lee, aunque ellos mismos no sepan leer. En sus juegos de imitación, hacen como que leen y escriben.” Lo mismo que podemos hacer estas afirmaciones, podemos hacer la contraria, hay niños que cuando se acercan a la escuela están totalmente alejados del lenguaje escrito, por muy distintos motivos, tal vez su lenguaje oral pertenezca a una minoría cultural no representada en  el lenguaje escrito que les rodea, tal vez sus adultos de referencia no   de manejen en el lenguaje escrito e incluso lo desprecien, tal vez estos niños  están gastando más recursos en sobrevivir  que en fijarse en lo que ocurre a su alrededor,… por eso me planteo la pregunta de ¿qué pasa con estos niños cuando empiezan su proceso de enseñanza aprendizaje de la lengua?, ¿es demasiado tarde para ellos y ellas?, ¿pueden competir con los niños y niñas que han realizado este aprendizaje?, ¿cómo se adaptan a ese aprendizaje?.

No podemos olvidar que parece claro pensar qué existe una correlación entre las dificultades ante la lectura y el fracaso escolar, ya que el aprendizaje de nuestras escuelas se basa fundamentalmente en lo que aprendemos leyendo, “saber leer tiene la importancia tan singular para la vida del niño en la escuela que su experiencia en el aprendizaje de la lectura con frecuencia sella el destino, de una vez por todas das, de su carrera académica”.  Si los niños y niñas empiezan su proceso de escolarización con evidentes desventajas y dando por supuesto una serie de aprendizajes que debieran haber tenido, podemos estar marcando su itinerario escolar posterior; “estos primeros contactos con el aprendizaje en la escuela suelen ser decisivos para la formación del concepto que el pequeño tiene de sí mismo como parte de la sociedad; según cuáles sean tales experiencias, el pequeño se sentirá bien  acogido y servido por la escuela y sacará la conclusión de que en ella tendrá éxito, o, por el contrario, creerá que, como esta institución supuestamente creada para él se muestra, en el mejor de los casos, indiferene por sus necesidades, y, en el peor, declaradamente contraria a él, entonces lo más probable es que ocurra lo mismo en lo que respecta al resto de la sociedad y sus instituciones. Si así sucede, el pequeño se sentirá derrotado por la sociedad desde una edad temprana.”

Enseñanza significativa  de la lectura.

No es mi intención apostar por métodos globales frente a métodos fonéticos, y estoy de acuerdo con las bondades de estos últimos. Pero sin duda creo que el niño, niña, que se acerca a nuestras escuelas tiene diferentes situaciones de partida, ya que el aprendizaje de la lengua es un aprendizaje sociocultural, en el que todo el entorno está implicado, los niños que se nos acercan provienen de distintos contextos socioculturales. Es por tanto recordar el papel compensatorio que debe tener la escuela y plantear el proceso de enseñanza-aprendizaje de la lectura desde esta perspectiva.

Frank Smith nos describe el proceso de aprendizaje de de la lector escritura como el ingreso en un club, en un club que denomina “el club de los que leen y escriben” y la principal condición para ser admitido es querer ser admitido. Pero sin duda tenemos muchos alumnos que a pesar de las evidentes ventajas de ser admitidos en este club, no quieren ser admitidos. ¿Qué podemos hacer para que nuestros alumnos y alumnas quieran ser admitidos en el club?

Para ello es importante que el profesorado cambie las definiciones que se suelen manejar de la lectura, como una herramienta fundamental para el aprendizaje, necesaria para desenvolvernos en la era de la información, … y pasemos a disfrutar de la lectura, a soñar con la lectura, a construirnos como personas, escuchar a otras personas, conocer diferentes mundos, viajar, imaginar, soñar,…

La lectura así entendida  es algo que sólo se puede enseñar si se vive, esto es algo que se educa desde el ejemplo, “leer no admite imperativo” nos dice Pennac, como también José Luis Borges  “EL VERBO LEER, COMO EL VERBO SOÑAR O EL VERBO AMAR NO ADMITE EL IMPERATIVO”. Los alumnos tienen que ver a otras personas leyendo, adultos (especialmente significativos), otros compañeros mayores, …

Hay que tomar en cuenta el nivel de lingüístico con que se viene a la escuela, no todos parten del mismo léxico y de expresiones gramaticales, incluso en lenguaje oral, habrá que trabajar esto, a través de hablar mucho, oír a adultos hablar de temas, escuchar lectura en voz alta, lectura compartida, oír ciertos programas de radio y televisión,…

También tendremos que ir acercándonos al lenguaje escrito, habrá que presentárselo a los alumnos, tendrán que ver libros en el aula, poder hojear los libros con materia, tendrá que ver carteles en clase, nombres de los compañeros, de objetos, de lugares que conocemos,…, que el lenguaje escrito se convierta en significativo.

Debemos tener muy presente qué es lo que se lee, el material para leer, los libros. La clave para aprender a leer es leer. Para ello nos tiene que interesar leer, tener curiosidad por lo escrito, darle valor a la palabra escrita,…
El aprendizaje de la lectura tendrá que ser interesante, apasionante si se puede, tendremos que tener mucho cuidado con  ejercicios aburridos y repetitivos, con lecturas sin sentido, …

Tendremos que implicar a las familias en este aprendizaje, darles consignas, decirles lo que les pedimos. Y si no se muestran colaboradoras, saberlo y tratar de compesarlo.

Nos van a ayudar otras actividades en las que usemos el lenguaje escrito, teatro, grafitis, visitar bibliotecas, cuentacuentos,…

Final.

Frank Smith nos relata que en la época de la carrera espacial, se consiguió llegar a la luna gracias a una sistemática de trabajo;  el análisis de sistemas y la planificación de programas. Esta forma de trabajar se llevó también al terreno de la educación; se descomponen  grandes objetivos en secuencias de pequeños pasos y se lleva un estricto control desde un centro de mando alejado donde se chequean los desempeños para que se cumplan los objetivos prefijados.
“Durante aproximadamente dos mil años y hasta el comienzo del siglo XX, la teoría imperante en la educación occidental fue la clásica, el enfoque tenía muy poco de científico, y el espíritu del siglo XX reclamaba que la educación siguiera una ruta más “objetiva” para garantizar el aprendizaje. La era tecnológica requería, no tanto una filosofía del contenido de la educación, sino una teoría del proceso. Y aquí es donde la educación cometió el error del que aún no puede recuperarse. Buscó una teoría del aprendizaje, y apostó por el caballo equivocado. Depositó su fe en la psicología experimental, que la persuadió de que el modo de enseñar era descomponer los temas complejos en pequeñas partes desvinculadas, que debían practicarse hasta que las pruebas demostraran que se había producido el aprendizaje, y debían reforzarse con la calificación u otras marcas de aprobación.”

Tal vez en este momento estemos también apostando por un caballo equivocado ante el de la misma manera estamos volviendo a presenciar una apuesta a mi modo de ver equivocada en favor de la neurociencia y la psicología experimental. Es el propio Stalisnas Dehaene el que nos advierte que “hace falta mucha cautela. Mi propia imprensión es que la neurociencia aún está lejos de ser prescriptiva. Una amplia brecha separa el conocimiento teórico acumulado en el laboratorio de la práctica en la clase” de todos modos, las imágenes cerebrales y los datos psicológicos no pueden separarse de los grandes debates pedagógicosm






[1]                     La mente no escolarizada: Cómo piensan los niños y cómo deberían enseñar las escuelas (Biblioteca Howard Gardner) Editoria Paidós

[2] “¿Se puede aprender una segunda lengua sin saber leer? Alfabetización y aprendizaje de una L2” FElix Villalba y Maite Hernández
[3] Frank Smith en el “Club de los que leen y escriben”

martes, 25 de junio de 2019

Enseñanza significativa de la lectura.

Introducción.

“¿Cómo puede ser que niños inteligentes, que poseen además evidentes facultades de adaptación y de comprensión hacia el mundo que los rodea no logren transferir esas capacidades hacia el marco de la clase?” se pregunta Serge Boimare maestro de niños y niñas con miedo a aprender, a los que había sido incapaz de explicar la técnica de la multiplicación y los veía intercambiar canicas de distintos valores sin equivocarse.

La misma pregunta me la  planteado muchas veces a lo largo de 20 trabajando en la educación compensatoria, con adolescentes de 14 a 16 años en los programas complementarios y algunos años en la alfabetización de adultos extranjeros.
El alumnado adolescente de 14 a 16 años que es derivado a los centros de Educación Complementaria[1], está cursando 1º y 2º de Educación Secundaria Obligatoria, sin embargo en muchos casos arrastra suspensos de su etapa de primaria, es una alumnado que por sus circunstancias socio-personales no ha podido adaptarse a la escuela ordinaria, se han implementado todas las medidas de atención a la diversidad dispuestas en la normativa educativa y aún así no se ha conseguido esta adaptación. Normalmente nos encontramos con un alumnado disruptivo, enfadado, con problemas de regulación de la conducta y sobre todo sin encontrar un sentido a su escolarización.
Este alumnado muestra una gran desconfianza hacia el sistema escolar, desconfianza que se trasfiere al profesorado, como también muestra una gran desconfianza a otras instituciones sociales, incluidas en muchos casos su propia familia. También desconfían de la cultura imperante, desconfían de su propio futuro y de su inserción en esa sociedad adulta.
Con el alumnado adolescente del Centro de Complementaria hemos ido observando a lo largo de los cursos las dificultades que presentan ante la lectura. Hemos ido recogiendo información sobre la evolución de su capacidad lectora, utilizando pruebas de comprensión lectora, en las que se mide la velocidad, la comprensión y un índice que relaciona ambos. Mayoritariamente nuestro alumnado supera las 100 palabras por minuto y en  muchos de los casos llega has las 120 palabras por minutos. Con esto podemos deducir que las habilidades de descodificación lectora están normalmente conseguidas y automatizados los procesos. Sin embargo cuando medimos la comprensión del texto, observamos una y otra vez, que difícilmente se supera el 50% de comprensión, que podría suponer una comprensión adecuada del mismo. Sin embargo es mayoritario el que se supere el 25% de compresión, lo que también nos hace descartar otros problemas de aprendizaje.  

La pregunta de Boimare se puede transferir al terreno de la lectura. Observando al alumnado de Nivel Socio Económico (NSE) bajo, que no presentando alteraciones en su desarrollo cognitivo y que habiendo adquirido la mecánica de la descodificación lectora de una manera aceptable, se puede comprobar en un gran número de casos, una gran dificultad a la hora de comprender los textos que leen. Teniendo presente que la definición de lectura va más allá que la mera descodificación, podemos hablar de grandes dificultades lectoras. Así pues nos preguntamos; ¿por qué estos alumnos/as no aprenden a leer tan bien como podrían?

Módelo bio-médico.

La respuesta a esta pregunta no es fácil de contestar, y hay mucha literatura, investigación y reflexión ante la misma. El problema es complejo y las respuestas diversas, provenientes  de distintos campos de investigación. Sin embargo últimamente parece que sólo nos atenemos a las respuestas que vienen de la investigación del cerebro.

El gran desarrollo que ha tenido la neurología los últimos años ha hecho que haya sido considerada como una de las ciencias que más puede aportar al conocimiento del ser humano, tanto es así que en educación llevamos un tiempo hablando de Neuroeducación.  Esta irrupción de lo neurológico no es exclusiva de la educación, otras ciencias humanas han optado por explicar la conducta humana a través de la observación del cerebro. Así en educación entramos en el modelo biomédico que impera en otras ciencias humanas.

No es casualidad que el profesor Ignacio Calderón Almendros en su conferencia incluida en el programa del evento “Leave no one behind in education” en la sede las Naciones Unidas en New York, inicie diciendo: “Persiste en la sociedad en general y en las escuelas en particular una tendencia a pensar las cuestiones sociales y culturales en términos personales y biológicos.” Y continúa “Necesitamos devolver los problemas que la escuela ha convertido en individuales a la arena social”.

En Psicología por ejemplo Jose Ramón Ubieto nos habla que “los trastornos mentales son considerados enfermedades cerebrales causadas por un desequilibrio de neurotransmisores, anormalidades genéticas y defectos en la estructura del cerebro, que se pueden corregir mediante psicofármacos específicos”.[2] En el caso del TDAH sólo se puede entender teniendo en cuenta diferentes “factores: neurobiológicos, psicológicos, evolutivos, familiares y sociales. En consecuencia el tratamiento tiene que ser global, incluyendo el contexto social del niño, la calidad de la escolarización que recibe, la naturaleza de la relación con los padres y las posibles alteraciones psicopatológicas”.

De esta manera cuando tratamos de comprender las dificultades de lectura, como también otras dificultades de aprendizaje, se suele apostar por una explicación desde el individuo, desde sus deficiencias, su cerebro, no teniendo en cuenta las circunstancias sociales que nos han llevado hasta esta situación.  Parece que nos cuesta comprender cómo el alumnado puede negarse a aprender, cuando las ventajas del aprendizaje (de la lectura) son tantas y tan beneficiosas.

Cuando el psicoanalista Bruno Bettelheim se acerca a las dificultades del aprendizaje de la lectura desde una óptica psicoanlalista saca a la luz una serie de ideas que puede ser importante tener en cuenta; la importancia de los materiales de lectura, la relevancia de los fallos de lectura como lapsus linguae, y la decisión de no querer aprender . Y hace afirmaciones como: “Aunque preocupan mucho lo niños que no consiguen comprender lo que leen y se han investigado minuciosamente las causas de la incapacidad de leer que padecen algunos niños, así como el modo de superarlas, en general se ha mostrado escaso interés hacia las razones psicológicas válidas por las cuales un niño puede resistirse pasivamente o negarse activamente a instruirse, a pesar de las obvias ventajas que brinda la instrucción” Aprender a leer Bruno Bettelheim.

“Las investigaciones han ido dirigidas de modo predominante a encontrar las causas físicas que impiden que el niño aprenda a leer a pesar de sentirse inclinado a ello, como los trastornos visuales que impiden reconocer correctamente las letras o defectos del sistema nervioso central que no  permiten una lectura adecuada. Se olvidan casi por completo las razones válidas que inducen a un niño a no desear no leer y que, por lo tanto, le motivan a resistirse activamente a los esfuerzos por enseñarle”.
“Algo parecido puede observarse en la investigación de un fenómeno denominado hiperquinesia, que también obstaculiza el proceso de aprendizaje. En este caso las investigaciones se centran en el sistema nervioso central y en la farmacología, sin tener en consideración la posibilidad de que el niño, lejos de ser incapaz de permanecer quieto, concentrarse y prestar atención, quizá no hace ninguna de estas cosas porque no quiere. Puede que a través de este comportamiento hipercinético trate de afirmarse contra aquellos que intentan dominarle, desee derrotar a quienes considera enemigos suyos o, al menos, devolver los golpes a lo que él cree que son personas insensibles o un sistema contrario”.

Este modelo biomédico es un modelo que  encaja con el paradigma individualista imperante en nuestra sociedad neoliberal. Sin embargo es un modelo que se queda escaso para explicar las situaciones humanas en su globalidad y parece olvidar el componente social de las funciones humanas. Hay muchos autores que apuestan por otra forma de pensar; “de acuerdo con nuestro nuevo y extendido conocimiento, la mente existe igualmente dentro del cráneo, en los objetos desparramados en la cultura y en los comportamientos de otros individuos con quienes se interactúa y de los que se aprende” nos dice el psicólogo de la universidad de Harvard, Howard Gardner[3].

En el caso del aprendizaje de capacidades humanas básicas, como la lecto-escritura, los psicólogos culturales han demostrado la necesidad de la inculturación para adquirirlas y no sólo de la dependencia de la capacidad intelectual individual contenida en el cerebro de cada cual. Me parece importante reivindicar lo Socio-educativo frente a lo Neuro-educativo.

Métodos de enseñanza de la lectura.

Para dar respuesta a la pregunta planteada al principio, me parece necesario repasar los métodos de enseñanza de la lectoescritura.

Históricamente ha habido una gran competencia entre diversos métodos de enseñanza aprendizaje de la lectura, tanto es así, que en algún momento llegó a denominarse las “guerras de la lectura”. Este conflicto se puede resumir en la competencia entre el método global y el método sintético.
Los métodos sintéticos, también llamados ascendentes (de abajo a arriba; primero letras, luego sílabas, palabras, frases), con el tiempo y también se les ha llamado métodos fonéticos, pues se enseña el sonido de las letras, sílabas, etc.

Por el otro lado, los métodos globales también conocidos como métodos naturales, ya que han tratado de basarse en la manera de como los niños aprenden el lenguaje oral, han trabajado con el significado de las palabras, frases y con el sentido comunicativo del lenguaje escrito.

Sin embargo  en el momento actual, este histórico debate está dándose por dilucidado y parece que el vencedor  absoluto es el método fonético, ya que es el más respaldado por la evidencia científica, sobre todo aquella que proviene de la neurociencia.

Así en unas  recientes jornadas, precisamente tituladas “las pruebas de la educación”, se habló de la lectura desde la evidencia científica, haciendo referencia a que uno de los grades problemas de la lectura en la actualidad es precisamente el debate histórico entre los métodos de lectura y se presentaron estudios que desde la perspectiva neurológica reforzaban el método fonético frente al global.

La profesora de la UPV/EHU Joana acha, nos habla en las jornadas las “pruebas de la educación ” celebradas en Donosti el 9 de noviembre de 2018, de  “la adquisición de la lectura desde la evidencia científica una hoja de ruta para educadores”, https://www.youtube.com/watch?v=zShGGaFC0Zc.

En esta misma línea Stanislas Dehaene reconocido experto en el estudio de las bases cerebrales de las principales operaciones intelectuales humanas, nos describe en su libro el cerebro lector, cómo “nuestro cerebro de primates logra traducir esos signos llamados letras en lenguaje” y solventa “las guerras de la lectura”, exponiendo una serie de estudios que le permiten afirmar la gran importancia que tiene la conversión de letras en sonidos, en la adquisición de la lectura, así que “todos los esfuerzos de enseñanza deberían enfocarse inicialmente en uno y sólo un objetivo, el dominio del principio alfabético de acuerdo con el cual cada letra o grafema representa un fonema”.

Sin embargo es este mismo autor en que nos advierte que tengamos cautela; “Mi propia impresión es que la neurociencia aún está lejos de ser prescriptiva. Una amplia brecha separa el conocimiento teórico acumulado en un laboratorio de la práctica en clase”. Además de recordarnos que “aprender la mecánica de la lectura no es un fin en sí; a largo plazo, sólo tienen sentido si lleva al significado. Los niños deben saber que la lectura no es simplemente balbucear unas pocas sílabas; requiere que se comprenda lo escrito. Cada período de lectura debería terminar con la lectura de palabras o de oraciones que se puedan comprender con facilidad y que el niño pueda repetir, resumir o parafrasear”. Es por ello por lo que se podría matizar la afirmación que hace “ no tiene sentido describirles a los niños lo maravillosa que es la lectura si no se les dan los medios para llegar hasta allí”, dándole la vuelta, diciendo que de nada sirve el aprender la descodificación del grafema en fonema, sin explicamos a los niños y niñas para que sirve, que mundos se les puede abrir con el acceso a la palabra escrito, cuantas personas van a poder conocer, …

Juan C. Ripoll y Gerardo Aguado en “Enseñar a leer. Cómo hacer lectores competentes” nos dicen que ni la organización neurológica, ni la investigación, ni la propia fuerza de los hechos parece avalar la adopción de éstos métodos globales. Sin embargo nos expone que los métodos sintéticos para enseñar a leer tiene un extenso respaldo científico, que proviene, tanto de los conocimientos del funcionamiento de la mente y de la intervención para ayudar a niños con dificultades para aprender la lectura.

A pesar de estas afirmaciones es el propio Ripoll, el que habla en su blog que en el momento de publicar su libro, no había evidencia científica y nos emplaza a unos datos que se publicarán y que se exponen en este video: https://clbe.wordpress.com/2015/11/25/los-metodos-de-lectura-sinteticos-son-mas-eficientes-que-los-globales/
“En nuestro último libro,Enseñar a Leer, exponemos que los métodos de lectura globales apenas tienen respaldo científico. Su extensión ha estado más relacionada con razones ideológicas o políticas que con razones pedagógicas. Sin embargo, cuando preparábamos ese capítulo, no encontramos investigaciones realizadas en el ámbito hispanoamericano, en las que se comparase el aprendizaje de grupos similares de niños a los que se enseñase a leer con uno u otro método. Mientras tanto, en el Basque Center on Cognition, Brain and Language, se estaba desarrollando una investigación en la que sí que se hacía esa comparación. Los resultados aún no se han publicado, pero Manuel Carreiras, el director del BCBL ya los ha adelantado en la conferencia que se puede ver en este vídeo, concretamente, en la parte que va desde 6’05” hasta 10’26”.

Así parece que el debate de los métodos de lectura ha finalizado y tenemos como único vencedor a los métodos fonéticos. Dejando de lado experiencias como la de Ovidio Delacroy, Freinet, Montesori,… y todo esto a pesar que las características diferenciales de ambos métodos nos podría hacer pensar otra cosa.
Los métodos fonéticos presentan;
·         una gran preocupación por la descodificación, dejando el significado para más a delante,
·         una gran atención al proceso de descodificación y no por el fin del aprendizaje, la propia lectura, 
·         que  exigen una enseñanza tradicional (un experto que sabe a analfabetos que no saben), 
·         y que son de una tradición más conductista y mecanicista.

Mientras que los métodos globales;
·         se preocupan desde el principio por el significado,
·         motivan a través del objetivo del aprendizaje, la lectura y no tanto por el proceso,
·         parten de la necesidad de transmitir del niño, por tanto es un aprendizaje más significativo, más activo en cuanto a que el experto es una fuente de estímulo,
·          y son de naturaleza más constructivista, del aprendizaje por descubrimiento.

Es el propio Ripoll quien reconoce que “en realidad estos métodos (globales) constituyen una faceta más de toda una forma de entender la educación, cuyo inicio se reconoce a principios del siglo XX de la mano del psiquiatra y pedagogo Ovide Delacroy”. De la misma manera Felix Villalba y Maite Hernández, expertos en la enseñanza de español como segunda lengua, afirman que  “defensores y detractores de cada uno de ellos se han enzarzado en un enfrentamiento en el que la lectoescritura ha sido una excusa para discutir sobre educación”[4].

Más adelante,  estos mismos autores, hacen una apuesta por los métodos globales por una serie de razones que me parecen muy interesantes y también extrapolables al colectivo de alumnado con un bajo NSE; ya que los métodos globales “facilitan que el aprendizaje de la lectura no recaiga exclusivamente en la capacidad de retención memorística de los distintos elementos del código escrito” y añaden “conviene tener presente que, aunque el estudiante se encuentre muy motivado para aprender a leer, sus problemas no acaban en la clase y su atención, por tanto, se tiene que dirigir a solucionar aspectos materiales de la vida cotidiana, que la lectura no acaba de solucionar”. También nos resaltan la importancia del léxico para el aprendizaje de la lectura, ya que “independientemente de la ruta que se utilice (fonológica o visual) para leer hay que acceder al léxico (auditivo o visual) previamente existente”, de esta manera si el aprendiz posee un léxico reducido, encontrará muchas dificultades para establecer relaciones entre palabras y significados. Lo que puede hacer pensar que esta puede ser una de las dificultades del alumnado de NSE bajo que se acerca a la escuela con un lenguaje oral cercano a lo que Basil Berstein califico de código restringido y muy alejado del lenguaje escrito.

A diferencia del lenguaje oral, que es algo natural, necesario para la supervivencia, para lo que el ser humano está predispuesto genéticamente y en el que la mayoría de los bebés están inmerso incluso antes de nacer, el lenguaje escrito es artificial. La diferencia entre lo natural y artificial del lenguaje oral y escrito, supone que en las bases para la implantación del lenguaje oral no existen diferencias individuales más allá de las que tienen su base en la genética. Por lo menos en lo que se refiere a un nivel básico de adquisición, ya que sí pueden existir diferencias en el grado de adquisición del lenguaje oral entre niveles de NSE, en riqueza léxica, estructuras gramaticales, etc.

Así que aquellos métodos de enseñanza aprendizaje que traten de hacer que la lengua escrita sea algo natural, serán los que mejores efectos consigan. De alguna forma estos métodos harán gran hincapié en hacer necesario el aprendizaje del lenguaje escrito, tener una inmersión en esta lengua, creo que a esto se refería Vigotsky cuando afirmó; “la enseñanza de la lectura se ha concebido en términos poco prácticos. Se ha enseñado a los pequeños a trazar  letras y formar palabras a partir de las mismas, pero no se les ha enseñado el lenguaje escrito. Se ha hecho tanto hincapié en la mecánica de la lectura que se ha olvidado del lenguaje escrito como tal”.

Es por lo que creo importante que no dejemos de lado las aportaciones que los métodos globales han hecho al proceso de aprendizaje de la lectoescritura, ya que la mayoría de los niños y niñas suelen aprender a leer  casi de cualquier manera, con cualquier método y lo diferencial del método elegido se encuentra en lo que aportan para superar las  complicaciones que tienen determinados alumnos y alumnas. De esta manera si pensamos que las dificultades en torno a la lectura se encuentran en un terreno más individual, situado en el cerebro podremos apostar por unos métodos, mientras que si pensamos que las dificultades están más en el entorno socio cultural del alumnado, su visión del lenguaje escrito y su inmersión en él, podremos optar por otros métodos que trabajen más estas necesidades.

No podemos olvidar que “la iniciación de un niño a la lectura y escritura nuca es exclusivamente una cuestión de la educación formal”[5], por tanto se puede deducir que podrían darse diferencias importantes entre niños y niñas a la hora de llegar a las escuela, según la influencia que traigan de sus entornos sociales. Habrá entornos sociales en los que el lenguaje escrito está presente, presencia de libros, utilización de la escritura, carteles, se lee a los niños y niñas, puede que el lenguaje oral adquirido por el niño este más cercano al lenguaje escrito en cuanto a cantidad de palabras, léxico, expresiones,…, Frank Smith nos recuerda que “los niños saben mucho más acerca de lo que es leer y escribir  antes de ingresar a la escuela e independientemente de lo que se les enseñe en ella. Conocen muchos de los usos de la lengua escrita, saben que ésta interviene en carteles, rótulos, etiquetas, listas, cartas, revistas, guías de programas televisivos. Saben lo que las personas hacen con la lengua escrita, aun cuando ellos mismos no lo practiquen. También tienen alguna idea de cómo funciona la lengua escrita, de que está formada por letras puestas en líneas, que hay diversos tipos de caracteres y que hay regularidades ortográficas. También tienen ideas acerca de por qué se lee, aunque ellos mismos no sepan leer. En sus juegos de imitación, hacen como que leen y escriben.” Lo mismo que podemos hacer estas afirmaciones, podemos hacer la contraria, hay niños que cuando se acercan a la escuela están totalmente alejados del lenguaje escrito, por muy distintos motivos, tal vez su lenguaje oral pertenezca a una minoría cultural no representada en  el lenguaje escrito que les rodea, tal vez sus adultos de referencia no   de manejen en el lenguaje escrito e incluso lo desprecien, tal vez estos niños  están gastando más recursos en sobrevivir  que en fijarse en lo que ocurre a su alrededor,… por eso me planteo la pregunta de ¿qué pasa con estos niños cuando empiezan su proceso de enseñanza aprendizaje de la lengua?, ¿es demasiado tarde para ellos y ellas?, ¿pueden competir con los niños y niñas que han realizado este aprendizaje?, ¿cómo se adaptan a ese aprendizaje?.

No podemos olvidar que parece claro pensar qué existe una correlación entre las dificultades ante la lectura y el fracaso escolar, ya que el aprendizaje de nuestras escuelas se basa fundamentalmente en lo que aprendemos leyendo, “saber leer tiene la importancia tan singular para la vida del niño en la escuela que su experiencia en el aprendizaje de la lectura con frecuencia sella el destino, de una vez por todas das, de su carrera académica”.  Si los niños y niñas empiezan su proceso de escolarización con evidentes desventajas y dando por supuesto una serie de aprendizajes que debieran haber tenido, podemos estar marcando su itinerario escolar posterior; “estos primeros contactos con el aprendizaje en la escuela suelen ser decisivos para la formación del concepto que el pequeño tiene de sí mismo como parte de la sociedad; según cuáles sean tales experiencias, el pequeño se sentirá bien  acogido y servido por la escuela y sacará la conclusión de que en ella tendrá éxito, o, por el contrario, creerá que, como esta institución supuestamente creada para él se muestra, en el mejor de los casos, indiferene por sus necesidades, y, en el peor, declaradamente contraria a él, entonces lo más probable es que ocurra lo mismo en lo que respecta al resto de la sociedad y sus instituciones. Si así sucede, el pequeño se sentirá derrotado por la sociedad desde una edad temprana.”

Enseñanza significativa  de la lectura.

No es mi intención apostar por métodos globales frente a métodos fonéticos, y estoy de acuerdo con las bondades de estos últimos. Pero sin duda creo que el niño, niña, que se acerca a nuestras escuelas tiene diferentes situaciones de partida, ya que el aprendizaje de la lengua es un aprendizaje sociocultural, en el que todo el entorno está implicado, los niños que se nos acercan provienen de distintos contextos socioculturales. Es por tanto recordar el papel compensatorio que debe tener la escuela y plantear el proceso de enseñanza-aprendizaje de la lectura desde esta perspectiva.

Frank Smith nos describe el proceso de aprendizaje de de la lector escritura como el ingreso en un club, en un club que denomina “el club de los que leen y escriben” y la principal condición para ser admitido es querer ser admitido. Pero sin duda tenemos muchos alumnos que a pesar de las evidentes ventajas de ser admitidos en este club, no quieren ser admitidos. ¿Qué podemos hacer para que nuestros alumnos y alumnas quieran ser admitidos en el club?

Para ello es importante que el profesorado cambie las definiciones que se suelen manejar de la lectura, como una herramienta fundamental para el aprendizaje, necesaria para desenvolvernos en la era de la información, … y pasemos a disfrutar de la lectura, a soñar con la lectura, a construirnos como personas, escuchar a otras personas, conocer diferentes mundos, viajar, imaginar, soñar,…

La lectura así entendida  es algo que sólo se puede enseñar si se vive, esto es algo que se educa desde el ejemplo, “leer no admite imperativo” nos dice Pennac, como también José Luis Borges  “EL VERBO LEER, COMO EL VERBO SOÑAR O EL VERBO AMAR NO ADMITE EL IMPERATIVO”. Los alumnos tienen que ver a otras personas leyendo, adultos (especialmente significativos), otros compañeros mayores, …

Hay que tomar en cuenta el nivel de lingüístico con que se viene a la escuela, no todos parten del mismo léxico y de expresiones gramaticales, incluso en lenguaje oral, habrá que trabajar esto, a través de hablar mucho, oír a adultos hablar de temas, escuchar lectura en voz alta, lectura compartida, oír ciertos programas de radio y televisión,…

Resultado de imagen de frato lecturaTambién tendremos que ir acercándonos al lenguaje escrito, habrá que presentárselo a los alumnos, tendrán que ver libros en el aula, poder hojear los libros con materia, tendrá que ver carteles en clase, nombres de los compañeros, de objetos, de lugares que conocemos,…, que el lenguaje escrito se convierta en significativo.

Debemos tener muy presente qué es lo que se lee, el material para leer, los libros. La clave para aprender a leer es leer. Para ello nos tiene que interesar leer, tener curiosidad por lo escrito, darle valor a la palabra escrita,…

El aprendizaje de la lectura tendrá que ser interesante, apasionante si se puede, tendremos que tener mucho cuidado con  ejercicios aburridos y repetitivos, con lecturas sin sentido, …

Tendremos que implicar a las familias en este aprendizaje, darles consignas, decirles lo que les pedimos. Y si no se muestran colaboradoras, saberlo y tratar de compensarlo.

Nos van a ayudar otras actividades en las que usemos el lenguaje escrito, teatro, grafitis, visitar bibliotecas, cuentacuentos,…


Resultado de imagen de frato lectura
Final.

Resultado de imagen de frato lecturaFrank Smith nos relata que en la época de la carrera espacial, se consiguió llegar a la luna gracias a una sistemática de trabajo;  el análisis de sistemas y la planificación de programas. Esta forma de trabajar se llevó también al terreno de la educación; se descomponen  grandes objetivos en secuencias de pequeños pasos y se lleva un estricto control desde un centro de mando alejado donde se chequean los desempeños para que se cumplan los objetivos prefijados.
“Durante aproximadamente dos mil años y hasta el comienzo del siglo XX, la teoría imperante en la educación occidental fue la clásica, el enfoque tenía muy poco de científico, y el espíritu del siglo XX reclamaba que la educación siguiera una ruta más “objetiva” para garantizar el aprendizaje. La era tecnológica requería, no tanto una filosofía del contenido de la educación, sino una teoría del proceso. Y aquí es donde la educación cometió el error del que aún no puede recuperarse. Buscó una teoría del aprendizaje, y apostó por el caballo equivocado. Depositó su fe en la psicología experimental, que la persuadió de que el modo de enseñar era descomponer los temas complejos en pequeñas partes desvinculadas, que debían practicarse hasta que las pruebas demostraran que se había producido el aprendizaje, y debían reforzarse con la calificación u otras marcas de aprobación.”

Tal vez en este momento estemos también apostando por un caballo equivocado ante el de la misma manera estamos volviendo a presenciar una apuesta a mi modo de ver equivocada en favor de la neurociencia y la psicología experimental. Es el propio Stalisnas Dehaene el que nos advierte que “hace falta mucha cautela. Mi propia impresión es que la neurociencia aún está lejos de ser prescriptiva. Una amplia brecha separa el conocimiento teórico acumulado en el laboratorio de la práctica en la clase” “de todos modos, las imágenes cerebrales y los datos psicológicos no pueden separarse de los grandes debates pedagógicos

“El lamentable desarrollo que ha tenido la enseñanza programática en los últimos treinta años puede atribuirse directamente a dos factores, ambos coincidentemente relacionados con los comienzos del programa espacial estadounidense. Las bases tecnológicas de este modelo pedagógico son el análisis de sistemas y la planificación de programas. Se suponía que el fraccionamiento de grandes objetivos en secuencias de pequeños pasos, que en su momento sirvió para poner al hombre en la luna y traerlo de vuelta, también iba a lanzar al niño norteamericano a la órbita de la alfabetización. Administrativamente, la enseñanza programática se basa en un estricto control centralizado, situado lejos de la escena de las operaciones, algo que no difiere mucho de los “controles de misión” de los vuelos espaciales. Los expertos prescriben procedimientos y verifican el desempeño para asegurarse de que todos los componentes del sistema cumplan con sus objetivos específicos. En nombre de esta “rendición de responsabilidades”, autoridades burocráticas de los estados o del gobierno federal han seguido acrecentando el control de la educación medieante la selección de los currículos y la imposición de pruebas y exámenes que garanticen el cumplimiento del currículo prescrito”






[1]                      Decreto 236/2015 artículo 41 (Eusko Jaularitza)
[2]                      José Ramón Ubieto; “TDAH: hablar con el cuerpo”. Editorial UOC.
[3]                     La mente no escolarizada: Cómo piensan los niños y cómo deberían enseñar las escuelas (Biblioteca Howard Gardner) Editoria Paidós
[4] “¿Se puede aprender una segunda lengua sin saber leer? Alfabetización y aprendizaje de una L2” FElix Villalba y Maite Hernández
[5] Frank Smith en el “Club de los que leen y escriben”