viernes, 16 de abril de 2021

¿Casualidad?


De los 39 barrios de Bilbao, si observamos el dato del porcentaje de población mayor de 16 años que sólo tiene estudios primarios o menos,  y lo comparamos con la media de la renta total que tiene la población en estos barrios, tenemos una coincidencia tanto en lo más alto como en lo más bajo de la comparación.

Los cuatro barrios con el menor porcentaje de población de más de 16 años que sólo tiene estudios primarios o ni siquiera éstos, Miribilla, Indautxu, Abando y Castaños, son exactamente los mismos que los cuatro barrios de Bilbao que mayor renta total tienen. De la misma manera los cuatro barrios de Bilbao con menor renta, Altamira, Otxarkoaga, Iturrigorri-Peñascal y Uretamendi, son los barrios en que es mayor el porcentaje de personas mayores de 16 años que sólo tienen estudios primarios o ni éstos.

 Los datos son del eustat, los de los el nivel estudio son del 2020 y los del nivel de renta del 2018.

primaria o menos

 

1

Miribilla

754

8,49%

Abando

75.456

2

Indautxu

2331

8,62%

Indautxu

73.898

3

Abando

2098

8,77%

Castaños

59.334

4

Castaños

708

12,55%

Miribilla

50.446

5

Casco Viejo

946

12,93%

San Pedro de Deustu

49.603

6

San Pedro de Deustu

3161

15,72%

Ciudad Jardín

49.068

7

Basurtu

2588

18,07%

Basurtu

47.775

8

Ametzola

2387

19,27%

Begoña

46.589

9

Ciudad Jardín

124

19,56%

Casco Viejo

45.298

10

Iturralde

1239

21,25%

Ametzola

44.773

11

Begoña

1051

22,22%

Ibarrekolanda

44.220

12

La Ribera

88

22,39%

Txurdinaga

43.502

13

Solokoetxe

1192

22,54%

San Ignacio

39.648

14

San Ignacio

3172

23,15%

Masustegi-Monte Caramelo

39.486

15

Ibarrekolanda

2381

23,39%

Iturralde

38.087

16

Matiko

1258

24,45%

Solokoetxe

37.947

17

Bilbao la Vieja

1050

25,16%

San Adrián

37.940

18

Iralabarri

3004

25,48%

Iralabarri

37.819

19

Masustegi-Monte Caramelo

1064

26,55%

Zurbaran

37.568

20

San Adrián

1491

26,90%

Matiko

36.725

21

Atxuri

1552

27,58%

Errekaldeberri

33.414

22

Txurdinaga

4280

27,82%

Santutxu

33.143

23

Olabeaga

333

27,82%

Uribarri

32.536

24

San Francisco

1967

29,77%

Atxuri

32.534

25

Zabala

1529

29,79%

Arangoiti

31.837

26

Arabella

494

30,03%

La Ribera

31.782

27

Zurbaran

3042

30,43%

Olabeaga

31.709

28

Larraskitu

919

30,53%

Zorrotza

31.511

29

Errekaldeberri

5356

31,72%

La Peña

31.006

30

Uribarri

4048

31,85%

Larraskitu

30.777

31

Santutxu

10224

32,89%

Bolueta

29.915

32

Bolueta

1510

34,66%

Zabala

28.787

33

La Peña

2617

34,91%

San Francisco

28.510

34

Zorrotza

3847

35,44%

Arabella

28.210

35

Arangoiti

1540

36,15%

Bilbao la Vieja

28.154

36

Altamira

774

41,35%

Altamira

27.280

37

Otxarkoaga

4265

42,45%

Uretamendi

23.306

38

Iturrigorri-Peñascal

779

44,01%

Otxarkoaga

22.992

39

Uretamendi

1131

46,31%

Iturrigorri-Peñascal

22.442


miércoles, 14 de abril de 2021

La competencia de las competencias: el sentido de la lectura. María Clemente Linuesa

 La competencia de las competencias: el sentido de la lectura

María Clemente Linuesa

Ilustración de Flor García

Cuadernos de Pedagogía, Nº 447, Sección Monográfico, Julio 2014, Wolters Kluwer, ISBN-ISSN: 0210-0630

La enseñanza de la lengua escrita constituye uno de los contenidos esenciales para la escuela. Su carácter instrumental y transversal, para adquirir y construir conocimientos en la propia institución y fuera de ella, depara retos singulares al profesorado puesto que a las necesidades tradicionales del proceso de alfabetización se suman otras surgidas de los nuevos soportes digitales.

María Clemente Linuesa. Universidad de Salamanca. Correo-e: mcl@usal.es

La enseñanza de la lengua escrita ha sido una de las metas, si no la fundamental, de la institución escolar desde su nacimiento. De hecho, durante mucho tiempo se asistía a esta institución con el objetivo casi único de alfabetizarse y, aunque la escuela ha ido incrementando sus funciones constituyéndose en la gran administradora de la transmisión cultural, enseñar a leer y escribir es uno de los contenidos básicos en el proceso de escolarización. Estar alfabetizado sigue siendo una competencia tan elemental como fundamental, tanto para transitar por la propia institución como para moverse en la sociedad actual. No sería exagerado declarar que la enseñanza de la lengua escrita constituye el contenido por antonomasia de la escuela, un contenido transversal, que, como veremos, aunque no tiene un final determinado en la propia escuela, sí tiene, en gran medida, su comienzo en ella.

El valor de la alfabetización es un asunto que pocos cuestionan, lo ha tenido siempre, desde el nacimiento de la escritura. Aunque en décadas pasadas se extendió en ciertos círculos la ilusión de que la escritura podía ser sustituida por otros códigos, la realidad actual nos ha vuelto a mostrar que el dominio de la lengua escrita constituye la piedra de toque esencial para moverse en el mundo de la información y la comunicación, porque las nuevas tecnologías (TIC) no han hecho sino incrementar el valor de la cultura escrita, con nuevas necesidades y, por ello, con nuevos retos para la escuela.

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¿Qué significa alfabetizar hoy?

Los conceptos de analfabetismo o iletrismo han variado a lo largo de la historia; tanto la extensión de la llamada alfabetización (quienes acceden a la lengua escrita) como el concepto mismo (tipo de prácticas de cada momento) han sufrido constantemente cambios por distintas causas.

En los orígenes de la cultura escrita, saber leer y escribir era un fenómeno tan minoritario como valorado; los que conocían la escritura, muy pocos, se consideraban privilegiados y normalmente estaban cerca del poder civil o religioso. Hoy, sin embargo, pretendemos que toda la población posea esta capacidad y con altos niveles de competencia. Ese objetivo, que podría parecer superado en muchos países, es aún un reto incluso a nivel europeo; de hecho, la adquisición de esta competencia básica al finalizar la educación obligatoria constituye todavía uno de los objetivos para mejorar la calidad y la eficacia de la educación y la formación en la UE. En el Boletín de Educación del Ministerio de Educación del pasado febrero, donde se publicó la Estrategia Europea de Educación y Formación 2020 para la cooperación de los países miembros, se establecen cuatro grandes objetivos, el cuarto de los cuales es lograr que el porcentaje de alumnos de bajo rendimiento en competencias básicas en lectura, matemáticas y ciencias sea inferior al 15% al finalizar la Educación Secundaria. En España, según el Informe PISA de 2012, este porcentaje se sitúa en un 18,3% en lectura, por debajo de la media de la UE.

Las funciones primigenias de la escritura se restringían a transacciones comerciales o actividades sagradas. Hoy la escritura está presente en tantas facetas de nuestra cultura que podríamos decir que media en buena parte de nuestras relaciones con el mundo. El lector actual puede tener la necesidad de realizar prácticas diferentes: leer un anuncio, un periódico, un prospecto, un artículo profesional, una novela; incluso leer en formatos mixtos como un cómic o un libro ilustrado, y leer en la red, leer en las tecnologías digitales (teléfonos, ordenadores, etc.). Pero no todos necesitan tales prácticas en la misma medida. De hecho, cada lector pertenece o se identifica con una comunidad con la que comparte prácticas y textos.

Las características de los soportes, su escasez y accesibilidad han sido determinantes en el acceso a la escritura. Antes de la invención de la imprenta, la falta de textos exigía realizar prácticas lectoras colectivas; la imprenta permitió el acceso cada vez más personalizado a los textos y, por ello, a la práctica de la lectura privada, algo considerado hoy normal. Por otro lado, la aparición de los nuevos soportes, que llamamos TIC, y que parecen estar al alcance de todos, añade nuevas prácticas en la comunicación. Sin embargo, como han señalado muchos expertos, entre ellos Roger Chartier (2000), la revolución digital, que aparentemente parece universal, puede también profundizar, y no reducir, las desigualdades, propiciando el riesgo de un nuevo analfabetismo, no por la incapacidad de leer y escribir, sino por la imposibilidad de acceder a esas tecnologías. Además, como añade el autor, la presencia de Internet en la escuela no elimina las dificultades de aprender la lengua escrita para muchos sujetos.

Todos los cambios han condicionado de manera sustancial el modo en que se ha enseñado a leer en distintas épocas; además, cuando ser lector constituía un fenómeno minoritario probablemente no se evidenciaban los problemas de aprendizaje, que a pesar de que existieran se silenciaban en el ámbito privado, algo que hoy es impensable.

Lo que se hace evidente es que para la escuela actual enseñar a leer y escribir constituye un reto de enorme importancia, pero también de gran complejidad. Por ello, es necesario preguntarse: ¿Qué puede y debe hacer la escuela en relación con la lengua escrita? Abordaré este asunto basándome en dos principios, que aunque son de distinto calado concitan bastante consenso. El primero es admitir que el dominio y la competencia total de la lengua escrita no terminan nunca. El segundo es que la comprensión textual, y no el desciframiento, es la meta clara de la enseñanza de la lengua escrita.

Un proceso sin fin

Declarar que el dominio de la lengua escrita no termina nunca supone asumir que es un proceso más que un fin, puesto que, si cada lector se enfrenta a lo largo de su vida a nuevas funciones, a nuevos textos y a nuevos formatos, tendrá la necesidad de aprender constantemente. Hay lectores a los que les basta con una elemental competencia de la lengua escrita, son aquellos que utilizan los textos para su vida cotidiana (anuncios, carteles, etiquetas, etc.). Hay lectores que necesitan este instrumento para su profesión, y en este grupo existen muchos grados, ligados a la complejidad de tales profesiones. Hay lectores de literatura, de periódicos o de revistas que leen para estar informados, por placer, por diversión. Y hay lectores cuyas prácticas lectoras se realizan sobre todo con TIC, que pueden desarrollar funciones nuevas, abordar espacios diferentes y establecer relaciones más interactivas entre lector y texto. Los lectores de nuestra época deberán ir construyendo desde ciertas bases comunes sus competencias, más o menos complejas a lo largo de su vida, en función de sus necesidades y opciones lectoras.

Tan diferentes prácticas están plenamente relacionadas con la necesidad de dominar distintos tipos de textos de características muy variadas. La lectura de un texto narrativo no es la misma que la de un texto argumentativo o un texto científico, por poner ejemplos concretos, de manera que, cuando decimos que alguien es un buen lector debemos preguntarnos para qué y de qué. Tampoco es insignificante la propia preparación, los conocimientos previos del lector sobre un asunto, para poder comprenderlo mejor. Por tanto, la diversidad de competencias está ligada a la singularidad de los tipos de textos y a nuestra relación con los contenidos de esos textos.

La evolución y los cambios de formatos y soportes de la escritura han sido, como hemos señalado, constantes a lo largo de la historia y ello ha generado nuevas formas de leer, pero lo cierto es que casi siempre han ido en la dirección de la lectura como práctica privada; y no solo eso, también los nuevos formatos han ido permitiendo que el lector pudiera participar en la construcción de los textos de distintas maneras (anteriormente, con el rollo era casi imposible, en el manuscrito se podía participar básicamente adornando o coloreando el libro, y desde la imprenta eran anotaciones concretas en los bordes; sin embargo, en los soportes tecnológicos actuales se puede participar activamente de la autoría).

Los soportes también han condicionado otros aspectos. Así, cuando los libros son escasos, su posesión está enormemente restringida; cuando empiezan a abundar, podemos elegir mediatizados por la oferta y la capacidad adquisitiva y basamos nuestra elección en la seguridad de la autoría y la edición. Con las TIC, la elección implica un cambio sin precedentes, la oferta de textos es impresionante, pero las garantías para elegir no están tan nítidamente marcadas y es el lector quien debe poseer las habilidades necesarias para esa elección. Por otro lado, los soportes actuales son híbridos, y frecuentemente simultaneamos códigos distintos, mensajes escritos, imágenes y hasta música en el mismo episodio lector (Lankshear y Knobel, 2008).

No es fácil, pues, decir que hay una edad en la que uno es un lector perfecto y que ya posee todas las habilidades necesarias. Por ello, la misión de la escuela será sentar sólidas bases para que cada lector pueda ser competente para ejercitarse como un lector de su tiempo. Esta idea enlaza con el segundo principio: la comprensión textual y no el desciframiento es la meta clara de la enseñanza de la lengua escrita.

La comprensión textual

"Leer es comprender" es una frase que suscita un gran acuerdo, si bien, como señalan Chartier y Hébrard (2002, p. 64), "la simplicidad de la fórmula la convierte en consigna, pero esa brevedad encubre los problemas, y no los resuelve". Algunos de estos problemas, que son de naturaleza diversa (individuales, sociales, culturales), van siendo abordados, estudiados y comprendidos, gracias a una fecunda investigación al respecto que nos aporta conocimientos sobre tales procesos y sobre la manera de abordarlos en la enseñanza (Sánchez, 2012).

Hoy muchos especialistas consideran que llegar a un buen nivel de comprensión y expresión en distintos tipos de textos requiere que la escuela adopte una perspectiva integral en la enseñanza de la lengua escrita, sobre todo en la etapa inicial (Snow y Juel, 2005; Clemente, 2008). Tal visión se podría resumir en tres grandes líneas: trabajar los aspectos funcionales, aprender y automatizar el código y abordar el proceso de comprensión textual desde el inicio de la alfabetización.

Lo primero requiere que quien aprende a leer pueda captar las funciones que tiene la lengua escrita o, lo que es lo mismo, qué beneficios obtendrá si aprende esa tecnología. En este asunto, la respuesta la tenemos en cada sociedad y consistirá básicamente en propiciar al sujeto experiencias apropiadas para su edad y basadas en la cultura que lo rodea. La llamada "lectura emergente", cuyo significado podemos entender como el bagaje que sobre la cultura escrita va adquiriendo el niño antes del proceso formal de la alfabetización, es un asunto de gran relevancia. De hecho, las experiencias lectoras anteriores a la escuela, sobre todo en el contexto familiar, tienen un gran valor, por lo que, si las circunstancias familiares y culturales son desiguales, la escuela podría desarrollar acciones para paliarlas como parte del proceso de alfabetización.

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Una larga lista de trabajos ha puesto de manifiesto el valor de la narración oral y escrita en el proceso de acercamiento de la cultura escrita (Bruner, 2004). La narración de cuentos, la lectura oralizada por el maestro, la simulación de tareas que se hacen con la escritura en la vida cotidiana serán valiosísimas en la escuela y deben formar parte del proceso alfabetizador y no concebirlas como un simple premio o diversión. Que un niño sea capaz de entender que si aprende a escribir podrá representar la realidad, como por ejemplo cuando hace un dibujo o expresa algo de forma oral, lo llevará a captar el valor primigenio de ese instrumento. En este proceso de comprensión de la cultura escrita actual no podemos ignorar las nuevas tecnologías como un nuevo soporte junto a los libros tradicionales.

Si la lengua escrita es básicamente una representación de la lengua oral (aunque incompleta e irregular), es evidente que debemos aprender el código de esa representación. Algunos movimientos pedagógicos, básicamente naturalistas, se oponen a enseñar explícitamente el sistema alfabético, argumentando que el aprendiz lo asimilará espontáneamente del mismo modo que desarrolla el lenguaje oral. Este supuesto es difícil de sostener porque un gran número de investigaciones en muy diferentes lenguas, cuyo sistema de escritura es alfabético, evidencian que muchos sujetos tienen serios problemas para aprender ese código, al tiempo que constatan que automatizarlo es completamente necesario para que el proceso de comprensión sea plenamente productivo.

Finalmente, ¿cómo lograr la meta deseada: la comprensión? ¿Debemos esperar a dominar el código para empezar a afrontar los procesos de comprensión? La idea que propongo es hablar no tanto de comprensión lectora como de comprensión textual. Los mecanismos básicos de la comprensión pueden ser los mismos para un texto oral o escrito y suponen considerar al menos cuatro aspectos: poner en juego los conocimientos previos sobre el tema contado o leído; contextualizar el contenido del texto oral o escrito; valorar y evaluar constantemente si se conoce el significado de las palabras que componen el texto, y, considerando que no todos los tipos de textos tienen la misma estructura y complejidad, elegir los adecuados. Este proceso se puede ejercer desde el momento en que enfrentamos a los niños a textos, sean narrados, oralizados por el adulto o leídos por los propios aprendices.

La construcción de la lectura comprensiva, que, como hemos señalado, es un largo proceso, nos lleva a resaltar una idea formulada al comienzo de este artículo: la de transversalidad de este contenido escolar. Porque si cada tipo de texto tiene una complejidad, cada materia también la tiene y requiere una comprensión particular. Cada asignatura se expresa en tipos de textos diferentes, con léxicos singulares y complejidades conceptuales distintas, por lo que los profesores no pueden abandonar a su suerte a quienes consideran expertos lectores, solo porque sean buenos descifradores.

La lectura es una práctica que solo se hace potente y segura con su ejercicio. Por ello, el fomento de tal práctica debe ser un reto para la escuela en todos los cursos y niveles. Crear hábitos lectores está por encima de la alfabetización inicial, es propio de cualquier curso y etapa educativa.

Para saber más

Bruner, Jerome (2006). Actos de significado. Más allá de la revolución cognitiva. Madrid: Alianza.

Chartier, Roger (2000). Las revoluciones de la cultura escrita. Barcelona: Gedisa.

Chartier, Anne-Marie y Hébrard, Jean (2002). La lectura de un siglo a otro. Barcelona: Gedisa.

Clemente, María (2008). Enseñar a leer. Bases teóricas y propuestas prácticas. Madrid: Pirámide.

Instituto Nacional de Evaluación Educativa (2014). "Estrategia Educación y Formación 2020: seguimiento y monitorización 2013", en Boletín de Educación, n.º 28 (febrero).

Lankshear, Colin y Knobel, Michele (2008). Nuevos alfabetismos. Su práctica cotidiana y el aprendizaje en el aula. Madrid: Morata.

Sánchez, Emilio (coord.) (2012). La lectura en el aula. Qué se hace, qué se debe hacer y qué se puede hacer. Barcelona: Graó.

Snow, Catherine E. y Juel, Connie (2005). "Teaching children to read: what do we know about how to do it?", en Snowling, Margaret J. y Hulme, Charles.The science of reading: a handbook. Oxford: Blackwell Publishing, pp. 501-520.

 

martes, 7 de abril de 2020

Enseñar a leer y escribir

Enseñar a leer y escribir: una aproximacion historica Literatura ...
"Crisis de la escuela. A partir de la década de 1960, la escuela involucra a toda la juventud cada vez más tiempo, sin embargo ya no dicta las normas en materia de cultura y práctica social. Los medios de comunicación se han vuelto múltiples" escuelas paralelas" que imponen sus normas o sus modas mucho mejor que los maestros. El cine la TV, la prensa destinada a los jóvenes les enseñan cómo se, deben comportar y vestir,...., la escuela se ve en cierta forma marginada... La crisis de la escuela está ligada a una crisis de la cultura. "64

Anne-Marie Chartier 

"En efecto, los que fracasan en la secundaria son en primer término los niños de medios populares... no es por falta de inteligencia, sino simplemente no tienen ninguna afinidad cultural con la cultura letrada." 67

ANNE-MARIE CHARTIER 



En primer lugar se deben abordar las consecuencias de la nueva relación con los saberes que se instaura explícitamente con la escolarización masiva. Adquirir un saber ya no significa necesariamente ingresar a una cultura. Al convertirse en el vehículo casi obligado de todas las inserciones sociales, sobre todo las inserciones exitosas, la escuela se ha vuelto un instrumento últil, demasiado útil. Todos aprenden para aprobar los exámenes, pasan los exámenes para venderse como un producto eficiente en el mercado laboral. Para la sociedad de mercado, los saberes valen según la posición social a la que den acceso. El valor de cambio ha rebasado al valor de uso. Poco importa entonces que los saberes sean en sí mismos interesantes o insignificates, importantes o fútiles. Únicamente son “lo que hay que saber”. Pág.76  ANNE-MARIE CHARTIER


sólo hay cultura si una práctica social tienen sentido para la propia personal que la realiza, si su acción, su gesto o su conducta son portadores de sentido en sí mismos (y no en cuanto medio útil para obtener otra cosa). Que una conducta sea rentable no basta para hacerla sensata. Al volverse utilitaria, la escuela invita a los alumnos a ser únicamente realistas o incluso cínicos; por ejemplo, a calcular su esfuerzo escolar en función de lo que puede “proporcionarles” cierta disciplina en los exámenes. La realidad social se convierte en ley pero ya no en virtud. Por ello en todas las enseñanzas escolares podemos descubrir la línea de fractura que separa las disciplinas gratuitas de las disciplinas rentables, aquellas que no plantean la cuestión del sentido. Pág. 77 ANNE-MARIE CHARTIER

p104:
Todas estas innovaciones introdujeron una separación insidiosa entre aprendizaje de la lectura y educación a través de la lectura misma, que Rosseau y Pestalozzi consideraban nefasta: el medio se volvió el fin. En la educación antigua, al leer/recitar el Pater Noster o el De Viris Illustribus o los primeros versos de las Geórgicas, los niños se introducían a la vez en la lectura y en los contenidos constitutivos de la cultura escrita deseada. Al jugar a los dados silábicos (Locke), aprendían que leer es una combinatoria sin contenido. A los abecedarios de esta nueva pedagogía les gustaban las listas: listas de sílabase sin significado, listas de palabras a , menudo clasificadas por su longitud (una sílaba, dos sílabas, tres sílabas,...) listas de frases que no formaban ningún texto....Sin embargo, para Rosseau lo prioritario eran los contenidos de los textos, es decir, los valores y los saberes a los que da acceso la lectura. “¿De qué le servirá la lectura cuando se harte de ella para siempre?”
Anne-Marie Chartier.

Todas las dificultades detectadas (en el periodo entre guerras)a gran escala cuestionaban los métodos de aprendizaje dominantes (los sintéticos), pese a que ningún dato permitía establecer rigurosamente relaciones de causa-efecto. En los años sesenta, en EE.UU e Inglaterra, se puso en tela de juicio el método whole-words (look and say)y, tras una serie de violentas polémicas, se rehabilitó el trabajo fonético. En Francia, las cosas sucedieron en dos tiempos: en los años sesenta, mientras los fracasos en la lectura fueron imputados a la dislexia, “la enfermedad del siglo”, el método global jugó el papel de chivo expiatorio (fue violentamente condenado por el Padre Debray-Ritzen, neurólogo especialista en dislexia). No obstante, las investigaciones mostraron que dicho método estaba débilmente implantado en las escuelas y que nadie podía creer realmente que la pedagogía Freinet y el método natural eran la causa de los fracasos masivos al final del curso preparatorio. Esto no impidió que tanto en Francia como en Inglaterra y en los EE.UU la prensa empezara a difundir la idea de que las innovaciones pedagógicas prodrían ser nefastas para los niños y que sus fundamentos eran más políticos que científicos. Diez años más tarde, una vez qeu se conocieron mejor las correlaciones entre los fallos escolares en el curso preparatorio y los origenes sociales, los métodos silábicos o mixtos, centrados en el código, fueron responsabilizados del fracaso en la lectura. ¿Por qué?


Pag 117
La escuela debía iniciar a los niños en todos los usos de la lectura, sociales y escolares, utilitarios y cultivados, lúdicos e instructivos. Tarea ambiciosa e infinita que aumentaba forzosamente los fracasos. Se descubrió así qeu el “saber leer” no era esa herramienta neutral y universal que imaginaban los preceptores del siglo XVIII o los pedagogos del XIX, quienes estaban convencidos de que, una vez alfabetizado, un individuo podría leerlo “todo”. Anne-Marie Chartier
                                                                                

Con la lectura expresiva, la escuela encontró una pedagogía que permitía recitar y comprender textos literarios a los niños de familias que no leían. Se trataba de una pedagogía colectiva, apoyada en la lectura oral, de manera que incluso los malos lectores (o los niños no lectores) podían comprender y disfrutar al escuchar el texto. Y además, todos se acostumbraron a oír el lenguaje de los libros, a descubrir la sintaxis, el léxico y las formas del idioma escrito, así como a articular claramente el francés escolar. De este modo, se estaría mejor preparado cuando se leyera otra historia y mejor armado cuando se tratara de redactar.       Anne-Marie Chartier  142

Jean Baucomont en 1931 en el congreso de Argel nos dice: Los libros de texto y los métodos de lectura actualmente en uso no siempre atractivos. A veces el hastío que provocaron, agravado por las reprimendas a las que pudieron dar lugar los ejercicios de lectura, han puesto a sus víctimas a la defensiva contra los demás libros... Citado por Anne-Marie Chartier  146

A medida que avanzaba la década de 1960, los que pasaban a la secundaria ya no eran alumnos de excelencia sino rebaños y cada vez más numerosos y cada vez menos parecidos al lector modelo que describían las revistas. Por todas partes se oían rumores inquietantes: los alumnos que llegaban a la secundaria “al parecer no sabían leer”. 160  Anne-Marie Chartier

La fuerza de la literatura juvenil no reside únicamente en alimentar la imaginación por medio de relatos (pues también las películas lo hacen), sino en representar y cuestionar el mundo mediante el poder de la lengua.

¿Dónde encontrar un repertorio de situaciones que los ayude a poner en palabras sus inquietudes y sus preguntas punzantes? ¿Cómo formular experiencias a veces inexpresables, pensar y expresar las reparticiones pacíficas y las distancias violentas que caracterizan el mundo en el que viven los niños si no en la liteatura?

Los pedagogos conocen, al igual que los padres, el placer casi infinito de las relecturas que reclaman los pequeños. La idea de que a los niños “les gusta cambiar” podría no ser más que uan fantasía de los adultos. 
Aun cuando la dicha de leer parecía en el pasado una experiencia solitaria -la experiencia singular sólo adquiere sentido a partir de intercambios que permite. La lectura es para compartirse con los demás.

Anne-Marie Chartier 168-169